Cuando hablamos de organizaciones hablamos de sistemas. Tal como ya descubrieron Deming y Ohno hace mas de 50 años, para mejorar una organización de cualquier tipo es necesario entenderla como un sistema.
Un sistema se compone de elementos lo cuales se interrelacionan entre ellos con el fin de conseguir un propósito común, siempre visto desde el punto de vista del cliente / usuario.
Los graves problemas que tienen muchas organizaciones suelen tener su origen en que diferentes personas o departamentos no comparten el mismo propósito común, sino que su comportamiento obedece a objetivos sectoriales o individuales, lo que conlleva competencias y pérdida de propósito. Sistemicamente, cuando los elementos tienen propósitos diferentes, se produce el fenómeno de la sub-optimizació del sistema. Las consecuencias de ello en las empresas es la pérdida de calidad y el aumento exponencial de los costes.
Según informa la edición digital del Telegraph de hoy recientemente la Universidad de Pensylvania llevó a cabo un experimento en el que se dividió en tres grupos a los estudiantes que, despues de las clases, se dedican a llamar a antiguos alumnos para recaudar fondos para becas.
En el primero grupo les formaron en base a enseñarles experiencias de antiguos alumnos que manifestaban lo bien que les había ido aprender técnicas de ventas en esta actividad en la Universidad en su vida profesional.
Un segundo grupo escuchó los testimonios de alumnos que pudieron realizar sus estudios gracias a las becas y, como había cambiado sus vidas a raíz de ello.
Al tercer grupo no les enseñaron nada, simplemente, la metodología de venta.
Los resultados del primer y tercer grupo estuvieron acorde con los habituales hasta entonces, sin embargo los del segundo grupo fueron mucho mejores.
Cuando en una organización se establece un propósito común desde el punto de vista del cliente y todos los integrantes del sistema trabajan para conseguirlo el comportamiento del sistema genera valor para el cliente y, lo que es mas importante, la capacidad de aprender, convirtiéndose en lo que Peter Senge en “La quinta Disciplina” llama “organizaciones inteligentes”.
Cuando como consultores afrontamos una intervención en un sistema, lo primero que hacemos es definir cuál es el propósito del mismo.
Muy a menudo, a medida que vamos escuchando a los clientes en los puntos de transacción y entendiendo la demanda, el propósito cambia.
Un buen ejemplo es lo que hicimos en Stockport. El propósito inicial de City Council en el transporte de niños con discapacidades era “transportar a los niños”. Cuando empezamos a hablar con los niños y sus padres vimos que el propósito del sistema era otro “ayudar a los niños discapacitados a mejorar su movilidad”. Los beneficios podéis leerlos en este articulo


[...] This post was mentioned on Twitter by Jordi Cabré, Jose M Raventos. Jose M Raventos said: El propósito en las organizaciones http://wp.me/pTn5W-7h [...]
Una vez más, un artículo excelente que ayuda a comprender la importancia de la colaboración y el aprendizaje en la consecución del propósito común.
Es más, el propósito común ético favorece a todos. Los alumnos que habían estudiado gracias a una beca sabían más del significado de la palabra “colaboración”.
Un abrazo,
Jordi
Es importante cuando colaboras y tienes en claro el propósito con que lo haces y cuando tienes en cuenta que lo que haces con el corazón sera gratificante para aquellas que lo reciben incluso para si mismo.
Hola Pamela.
Muchas gracias por tu comentario.
Muy cierto lo que apuntas. el “factor humano” del trabajo se perdió en la rea industrial y en la post-industrial no hemos sido capaces de retomarlo. Deming dijo que el “joy of work” era vital para que las organizaciones pudieran sobrevivir en el futuro.
Saludos cordiales